THE ROAD TO SANTIAGO. THE STAGE OF THE EMPALME TO SANTIAGO DE COMPOSTELA. SECOND PART. EL CAMINO DE SANTIAGO. ETAPA DE O EMPALME A SANTIAGO DE COMPOSTELA. SEGUNDA PARTE.

12 de octubre de 2017
October 12, 2017. This is the second part of the fifth stage of the EL CAMINO DEL JUDOKA CHALLENGE, along the French Way. It had been five days since I got on the hotel train to Lugo and started walking from Piedrafita do Cebreiro. I had almost halfway through the last stage but I still had the best. It was a great adventure but life gave me a big surprise: A judo club in the city of Santiago was going to accompany me the last fifteen kilometers. Thank you to the children and their teacher for this great gift.

Esta es la segunda parte de la quinta etapa del RETO EL CAMINO DEL JUDOKA, por el Camino Francés. Ya habían pasado cinco dias desde que me subí al tren hotel dirección a Lugo y comencé a andar desde Piedrafita do Cebreiro. Ya había recorrido casi la mitad del camino de la ultima etapa pero aun me quedaba lo mejor. Estaba siendo una gran aventura pero la vida me dio una gran sorpresa: Un club de judo de la ciudad de Santiago me iba acompañar los ultimos quince kilometros. Gracias a los niños y a su maestro por este gran regalo.
As I looked at the Camino, I saw a group of children dressed in white and others in blue. They were the judokas of Judo Club Compostela who wanted to accompany me the last few kilometers to the Plaza del Obradoiro. It was a very exciting moment and a great injection of morale.
Javier Rial, his teacher, was talking to me about the association for almost the entire route. When there were five kilometers to get to Monte Do Gozo I had a small fainting from the heat, my legs weighed and my feet burned. From time to time I received a message from wasaps of my wife who was already waiting for me in Santiago and that encouraged me.
There were several stops until I reached the top, in which I kept thinking about what I had left to walk and the few forces that remained. In those moments I had those children who wanted to do judo and in their extreme conditions of life. I could not complain, I put my backpack on again and headed towards my destination.

Five hundred meters from the hill, the Judokas children were waiting for me with their smiley faces and they did not leave me until I reached my destination. They gave me words of encouragement, offering of bottles of water, they accompanied me all this stretch. As I passed the miles my face was changing as I felt the end approaching and a mixture of conflicting feelings came together. On the one hand I wanted to end up with the pain in my feet and on the other, I did not want this path to end because it made me very happy. I remember how I started practicing judo, my first competitions, when I had to leave the judo competition and I found myself teaching my sport. Life and judo are stages that we have to know to walk through.

It was approaching five in the afternoon and I could already see the entrance of the Plaza. I could also see my wife recording this exciting moment with her cell phone. I kissed him and told me to go ahead and finish the Camino. I went down the steps almost jumping with the few energies I had left. The children came to my side and looked at me with emotion. I felt that the children of the Projects had also come with me.
We stood in the center of the square, lying face up, facing the cathedral. It looked huge, but not as big as the people who were accompanying me at that great time. My wife looked at me and I felt very happy.
In an outburst of enthusiasm, we got to do pushups and crunches. It was a great colophon to this humble adventure, but I felt that it was not the end of my Way ... It was another stage and life continues.
Today, at this moment of the Obradoiro I feel that the Way of my life will have rises, downs and plains, it will also have bridges, shelters, forests, mountains, rivers, streams, stone villages, big cities and lost villages .. but I will always have friends who will help me and help me ... for that is the Way, My Path ...
GOOD ROAD .... Will continue ...

Al mirar al Camino recorrido, ví a los lejos un grupo de niños que iban vestidos de blanco y otros de azul. Eran los judokas del Judo Club Compostela que querían acompañarme los últimos kilómetros hasta la Plaza del Obradoiro. Fue un momento muy emocionante y una gran inyección de moral.
Javier Rial, su maestro, estuvo hablando conmigo de la asociación durante casi todo el recorrido. Cuando quedaban cinco kilómetros para llegar al Monte Do Gozo tuve un pequeño desfallecimiento por el calor, las piernas me pesaban y los pies ardían. De vez en cuando recibía un mensaje de wasaps de mi mujer que ya estaba esperándome en Santiago y eso me animaba.
Fueron varias paradas hasta llegar a la cima,en las que no dejaba de pensar en lo que me quedaba por andar y las pocas fuerzas que me quedaban. En esos momentos tenia presente esos niños que querían hacer judo y en sus condiciones de vida tan extrema. Yo no me podía quejar, me ponía otra vez la mochila y me dirigía hacia mi destino.

A quinientos metros del Monte, los niños judokas me estaban esperando con sus caritas sonrientes y ya no me dejaron hasta llegar a mi destino. Me dieron palabras de animo, ofrecimiento de botellas de agua, me acompañaron todo este tramo. Al pasar de los kilómetros mi cara iba cambiando pues sentía que el final se acercaba y una mezcla de sentimientos contradictorios se juntaron. Por un lado quería acabar por el dolor de los pies y por otro, no quería que ese camino terminase nunca pues me había hecho muy feliz. Me acorde como empece a practicar judo, mis primeras competiciones, cuando tuve que dejar el judo competición y me encontre con la enseñanza de mi deporte. La vida y el judo son etapas que tenemos que saber recorrerlas.

Se acercaba las cinco de la tarde y ya podía ver la entrada de la Plaza. También podía ver a mi mujer que con el móvil grababa este momento tan emocionante. Le di un beso y me dijo que siguiera adelante a terminar el Camino. Baje los escalones casi saltando con las pocas energías que me quedaban. Los niños iban a mi lado y me miraban con emoción. Yo sentía que también los niños de los Proyectos habían llegado conmigo.
Nos pusimos en el centro de la plaza, tumbados boca arriba, mirando hacia la catedral. Se veía enorme, pero no tan grande como las personas que me estaban acompañando en ese gran momento. Mi mujer me miraba y sentía muy feliz.
En un arrebato de entusiasmo, nos pusimos hacer flexiones y abdominales. Fue un gran colofon a esta humilde aventura, pero yo sentía que no era el final de mi Camino... Ha sido otra etapa más y la vida continúa.
Hoy, en este momento, en esta plaza del Obradoiro siento que el Camino de mi vida tendrá subidas, bajadas y llanos, también tendrá puentes, albergues, bosques, montes, rios, arroyuelos, pueblecitos de piedra, grandes ciudades y aldeas perdidas... pero siempre tendre amigos que me ayudaran y que yo ayude... pues en eso consiste el Camino, Mi Camino...
BUEN CAMINO.... Continuará....
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